martes, 10 de enero de 2012

True Believer - Chapter 10

La noche caía sobre la plantación de Lawson. Nick y el alcalde charlaban, apartados en un rincón del porche, mientras Miley y Doris los observaban desde el otro extremo.
—Estoy plenamente convencido de que le habrás sacado partido a esta noche —dedujo Gherkin—, y de que has sido capaz de ver por ti mismo la maravillosa oportunidad que tienes entre los manos con esta fabulosa historia.
—Así es. Muchísimas gracias por todos los esfuerzos, aunque no teníais que molestaros tanto —afirmó Nick.
—Bobadas —replicó Gherkin—. Es lo mínimo que podemos hacer. Y además, quería que vieras lo que la gente de esta localidad es capaz de montar cuando se lo propone. Así que ya puedes imaginarte lo que haríamos por los de la tele. Por supuesto, aún podrás saborear un poco más la hospitalidad sureña durante este fin de semana. La atmósfera del pueblo, la sensación de viajar hacia atrás en el tiempo mientras te paseas por las casas antiguas: nada que te puedas imaginar es comparable a eso.
—No me cabe la menor duda —apuntó Nick.
Gherkin sonrió.
—Bueno, mira, tengo que ocuparme de un par de cosas ahí dentro. Ya sabes; las obligaciones de un alcalde nunca tienen fin.
—Lo comprendo. Ah, y gracias por esto —agregó Nick al tiempo que levantaba la llave de la ciudad.
—De nada. Te la mereces. —Le tendió la mano—. Pero no te hagas ilusiones. No es que con ella puedas abrir la caja acorazada del banco ni nada por el estilo. Se trata simple y llanamente de un gesto simbólico.

Nick sonrió mientras Gherkin apretaba su mano efusivamente. Cuando el alcalde desapareció dentro de la casa, Doris y Miley se acercaron a Nick, mostrando unas amplias sonrisas burlonas. Pero a pesar de esas muecas divertidas, a Nick no se le escapó que Doris tenía aspecto de estar exhausta.
—Caramba, caramba —dijo Doris.
—¿A qué viene eso? —preguntó Nick, desconcertado.
—Vaya con el urbanita encantador.
—¿Cómo dices?
—Tendrías que haber oído los comentarios de algunos de los muchachos —se río Doris—. Simplemente me siento orgullosa de poder afirmar que yo ya lo sabía antes de que te hicieras famoso.
Nick sonrió, con cara de corderito.
—Menuda locura colectiva, ¿eh?
—Ni que lo digas —contestó Doris—. Mis alumnas del grupo de estudios de la Biblia se han pasado toda la noche hablando sobre lo guapo que eres. Un par de ellas querían invitarte a sus casas, pero afortunadamente, he sido capaz de disuadirlas. Además, no creo que a sus esposos les hubiera hecho ni pizca de gracia.
—Te lo agradezco mucho.
—¿Has comido suficiente? Creo que todavía puedo rescatar algo de las mesas, si estás hambriento.
—No, estoy bien, gracias.
—¿Seguro? Tu noche no ha hecho más que empezar.
—Aguantaré —le aseguró. Nick aprovechó el silencio que se formó a continuación para mirar a su alrededor, y se dio cuenta de que la niebla se había vuelto más densa—. Pero en cuanto a eso de que mi noche no ha hecho más que empezar, supongo que tienes razón. Será mejor que me vaya; no me gustaría perder la oportunidad de ver esa magnífica experiencia sobrenatural con mis propios ojos.
—No te preocupes. Verás las luces —lo tranquilizó Doris—. No aparecen hasta más tarde, así que todavía te quedan un par de horas.
Pillando a Nick desprevenido, Doris se abalanzó sobre él y le propinó un abrazo fatigado.
—Sólo quería darte las gracias por dedicar parte de tu tiempo a conocer a los del pueblo. No todos los desconocidos son tan pacientes como tú.
—No ha sido nada. Además, lo he pasado francamente bien.

Cuando Doris lo soltó, Nick puso toda su atención en Miley, con la impresión de que criarse con Doris debía de haber sido muy similar a la experiencia de criarse con la madre de él.
—¿Estás lista para que nos marchemos?
Miley asintió con la cabeza, sin dirigirle ni una sola palabra. En lugar de eso, besó a Doris en la mejilla, le dijo que la vería al día siguiente, y un momento más tarde, Nick y Miley se hallaban camino del coche, con el ruido de la gravilla bajo sus pies como único sonido reinante. Miley parecía mirar fijamente hacia un punto en la distancia, aunque daba la impresión de que no veía nada. Después de unos cuantos pasos en silencio, Nick le dio un codazo afectuoso.
—¿Estás bien? Te veo muy callada.
Ella sacudió la cabeza, y lo miró con tristeza.
—Estaba pensando en Doris. La preparación de la fiesta la ha dejado absolutamente agotada, y aunque no debería, estoy preocupada por ella.
—Pues a mí me ha parecido que estaba la mar de bien.
—Sí, siempre acostumbra a poner buena cara. Pero debería aprender a tomarse la vida más sosegadamente. Hace un par de años sufrió un ataque de corazón, aunque ella prefiera fingir que eso jamás sucedió. Y después de esta noche, le espera un largo fin de semana.

Nick no estaba muy seguro sobre qué decir; no le cabía en la cabeza que Doris no fuera una mujer con una salud de hierro. Miley notó su malestar y sonrió.
—Pero se lo ha pasado estupendamente, de eso estoy segura. Las dos hemos tenido la oportunidad de hablar con mucha gente que hacía tiempo que no veíamos.
—Creía que aquí todos os veíais a diario.
—Así es. Pero todos andamos muy ocupados, y pocas veces se nos presenta la ocasión de charlar distendidamente. Sin embargo, esta noche ha sido muy especial. —Lo miró a los ojos—. Y Doris tenía razón. La gente te adora.
Nick ocultó las manos en los bolsillos y se quedó un momento pensativo. Por el modo en que ella lo había dicho, parecía como si le costara admitirlo.
—Bueno, no deberías estar tan sorprendida. Realmente soy un tipo adorable, de veras.
Miley hizo una mueca de fastidio, aunque su semblante revelaba que lo hacía más en broma que con enojo. Detrás de ellos, la casa se fue haciendo cada vez más pequeña en la distancia.
—Oye, ya sé que no es asunto mío, pero ¿qué tal te ha ido con Joe?
Ella dudó unos instantes antes de acabar encogiéndose de hombros.
—Tienes razón. No es asunto tuyo.
Él buscó una sonrisa, pero no vio ninguna.
—La única razón por la que te lo he preguntado es para confirmar si crees que es una buena idea que huya sigilosamente del pueblo arropado por la oscuridad de la noche, para que él no tenga la oportunidad de retorcerme el pescuezo con sus enormes manos.

El comentario logró que Miley sonriera.
—No te preocupes; no te pasará nada. Además, le darías un enorme disgusto al alcalde si te marcharas sin despedirte. No todos los forasteros son obsequiados con una fiesta como la de esta noche o con la llave de la ciudad.
—Es la primera vez que me dan una. Normalmente suelo recibir cartas declarándome que me odian a muerte.

Miley se echó a reír. Bajo la luz de la luna, sus rasgos eran impenetrables, y Nick recordó lo animada que la había visto hablando con todo el mundo durante la fiesta.

Llegaron al coche, y él se adelantó para abrirle la puerta. Al entrar, ella lo rozó suavemente, y Nick se preguntó si lo había hecho en respuesta al codazo cariñoso que él le había dado previamente, o si ni siquiera se había dado cuenta. Después dio un rodeo hasta la otra puerta y se sentó detrás del volante; insertó la llave en el contacto, pero dudó unos instantes antes de poner el coche en marcha.
—¿Qué pasa? —preguntó Miley.
—Estaba pensando... —empezó a decir él, sin saber cómo continuar.
Las palabras se quedaron colgadas en el aire. Ella lo miró insistentemente, mostrando curiosidad.
—¿En qué estabas pensando?
—Sé que se está haciendo tarde, pero ¿te importaría venir al cementerio conmigo?
—¿Por si te entra miedo?
—Más o menos.

Miley echó un vistazo a su reloj de pulsera y suspiró.

Sabía que no debería ir. Ya había claudicado demasiado al aceptar ir a la fiesta con él, y pasar juntos las próximas horas significaría ceder todavía más. Sabía que no podía esperar nada bueno de eso, y no había ni una sola buena razón para aceptar la invitación. Pero antes de que tuviera tiempo de arrepentirse, las palabras emergieron de su boca.
—Primero tendría que pasar por casa para ponerme algo más cómodo.
—Me parece perfecto que te pongas más cómoda —dijo él.
—Ya, claro —espetó ella en un tono beligerante.
—Mire, señorita, no vaya tan rápido —soltó él, fingiendo estar ofendido—. No le conozco lo suficientemente bien como para pensar en esa clase de confianzas.
—Perdona, pero esa frase es mía.
—Ah, ya me parecía que la había oído en algún sitio...
—Pues la próxima vez recurre a tu ingenio. Y para que lo sepas, no quiero que te hagas ninguna ilusión sobre esta noche.
—No me hago ilusiones. Simplemente me encanta bromear.
—Ya sabes a lo que me refiero.
—No —declaró él, intentando adoptar un aire inocente—. ¿A qué te refieres?
—Mira, dedícate a conducir y punto, ¿vale? No vaya a ser que cambie de idea y decida no acompañarte.
—Vale, vale —dijo él, girando la llave de contacto—. Uf, cuando te lo propones, puedes ser verdaderamente quisquillosa.
—Gracias. Más de uno me ha dicho que es una de mis mejores cualidades.
—¿Ah, sí? ¿Quién?
—¿Te gustaría saberlo?
 

El Taurus se deslizó lentamente por las calles envueltas en niebla. La luz amarillenta de las farolas únicamente lograba incrementar el lóbrego aspecto de la noche. Tan pronto como aparcaron, Miley abrió la puerta.
—Espérame aquí —le ordenó, aderezándose un mechón de pelo detrás de la oreja—. Sólo tardaré unos minutos.
Nick sonrió. Le encantaba verla nerviosa.
—¿No necesitas mi llave de la ciudad para abrir la puerta? Estaré más que contento de prestártela.
—Mire, ahora no empiece a pensar que es usted especial, señor Jonas. A mi madre también le concedieron la llave de la ciudad.
—Vaya, ¿ya estamos otra vez con lo de «señor Jonas»? Y yo que pensaba que empezábamos a llevarnos bien.
—Y yo empiezo a creer que el recibimiento de esta noche se te ha subido a la cabeza.

Salió del coche y cerró la puerta tras de sí en un intento de tener la última palabra.

Nick se echó a reír, pensando que se parecía mucho a él. Incapaz de resistirse, pulsó el botón para bajar la ventana y se inclinó hacia la puerta.
—Oye, Miley.
Ella se dio la vuelta.
—¿Sí?
—Ya que seguramente hará frío esta noche, ¿qué tal si traes una botella de vino?
Ella arqueó las manos sobre las caderas con gracilidad.
—¿Para qué? ¿Para que puedas emborracharme?
Él esbozó una mueca burlona.
—Bueno, sólo si te dejas.
Miley achicó los ojos, pero igual que antes, su semblante reveló que lo hacía más en broma que con enojo.
—Mire, señor Jonas, nunca tengo vino en casa, pero aunque lo tuviera, mi respuesta sería «no».
—¿Nunca bebes?
—No demasiado —contestó—. Y ahora espera aquí —le ordenó señalando hacia la calle—. Me pondré unos vaqueros y saldré rápidamente.
—Te prometo que no intentaré espiarte por la ventana.
—Estupendo. Porque si hicieras una tontería como ésa, no me quedaría más remedio que contárselo a Joe.
—Huy eso no suena nada bien.
—Tienes razón —reconoció Miley, intentando adoptar un porte más severo—. Así que ni lo intentes.
Nick la observó mientras ella caminaba por la calle, plenamente seguro de que jamás había conocido a ninguna mujer como ella.
 

Quince minutos más tarde el coche volvió a detenerse, esta vez delante del cementerio de Cedar Creek. Nick aparcó en batería para que los faros alumbraran el cementerio, y su primera impresión fue que incluso la niebla parecía distinta en ese lugar. En algunos recovecos era densa e impenetrable, mientras que en otros formaba una finísima capa, y la leve brisa que soplaba confería a las plantas un movimiento discreto y sinuoso, casi como si estuvieran vivas. Las ramas inferiores y colgantes del magnolio no eran nada más que sombras difuminadas, y las tumbas medio destruidas contribuían a darle un efecto más tenebroso a la escena. La oscuridad era total; no había vestigio alguno de la luna en el cielo.

Sin apagar el motor, Nick salió del coche y se dirigió al maletero. Miley siguió atentamente con la mirada todos sus movimientos, y de repente sus ojos se agrandaron desmedidamente.
—¿Te estás preparando para fabricar una bomba o qué?
—Qué va. Sólo es un poco de cacharrería. A los chicos nos encantan esta clase de juguetes.
—Pensé que llevarías una cámara de vídeo o algo parecido, y ya está.
—Y no te equivocas. Llevo cuatro cámaras.
—¿Para qué las necesitas?
—Para filmar cada ángulo. Por un momento cierra los ojos y piensa: ¿qué pasaría si los fantasmas aparecieran por el lado indebido? Igual me quedaría sin verles las caras.
Miley no hizo caso del chiste.
—¿Y qué es esto? —preguntó, señalando una caja electrónica.
—Un detector de radiación de microondas. Y esto —prosiguió mientras apuntaba hacia otro aparato— es otro artefacto parecido. Detecta actividad electromagnética.
—Estás bromeando, ¿no?
—No —repuso Nick—. Lo pone en el manual Ghost Busters for Real! Normalmente hay un incremento de actividad espiritual en áreas con elevadas concentraciones de energía, y este aparato ayuda a detectar un campo con energía anormal.
—¿Has encontrado en alguna ocasión un campo con energía anormal?
—Aunque te cueste creerlo, sí. Y nada menos que en una supuesta casa encantada. Lamentablemente, no tenía nada que ver con fantasmas. El microondas del propietario no funcionaba demasiado bien.
—Ah —dijo ella.
Nick se la quedó mirando, con cara complacida.
—Ahora eres tú la que usa mi expresión favorita.
—Lo siento. Es todo lo que se me ocurre decir.
—No pasa nada. Podemos usarla los dos.
—Pero ¿por qué vas cargado con tantos trastos?
—Porque si detecto la posibilidad de que haya un fantasma, tengo que usar todo lo que utilizan los investigadores de fenómenos paranormales. No quiero que me acusen de que se me ha escapado algún detalle, y esta clase de investigadores tiene sus reglas. Además, parece más impresionante cuando alguien lee que has usado un detector electromagnético. La gente piensa que sabes lo que estás haciendo.
—¿Y lo sabes?
—Claro. Ya te lo he dicho. Tengo el manual oficial.
Ella soltó una carcajada.
—Entonces, ¿en qué puedo ayudarte? ¿Quieres que te ayude a descargar todos estos cachivaches?
—Los utilizaremos todos, pero si consideras que esto es un trabajo de hombres, no te preocupes. Puedo apañármelas solo mientras tú te haces la manicura.
Miley tomó una de las cámaras de vídeo y se la colgó al hombro. Después agarró otra.
—Entendido, machista. ¿Hacia dónde?
—Eso depende. ¿Dónde crees que deberíamos instalar la base? Tú has visto las luces, así que seguramente sabrás qué sitio es más idóneo para empezar.
Miley señaló hacia el magnolio, hacia donde ella se dirigía la primera vez que la vio en el cementerio.
—Allí —indicó—. Desde allí podrás ver las luces.
Era justo enfrente de Riker's Hill, a pesar de que la colina quedaba oculta por la niebla.
—¿Siempre aparecen en el mismo punto?
—No lo sé, pero ahí es donde yo las vi.
 

En el transcurso de la siguiente hora, mientras Miley se dedicaba a filmarlo con una de las cámaras de vídeo, Nick lo organizó todo. Colocó las otras tres cámaras de vídeo formando un amplio triángulo, las montó sobre trípodes, incorporó lentes con filtros especiales en dos de ellas, y ajustó el zum hasta que estuvo seguro de que cubría el área entera. Probó el láser con control remoto, y después empezó a montar el equipo de audio. Colocó cuatro micrófonos en los árboles cercanos, y el quinto lo emplazó cerca del centro, donde dispuso los detectores, el electromagnético y el de radiación, así como la grabadora central.
Mientras se aseguraba de que todo funcionaba correctamente, oyó a Miley gritar:
—¡Eh! ¿Qué tal estoy?
Nick se dio la vuelta y la vio con las gafas de visión nocturna. Tenía un divertido aspecto de mosca.
—Muy sexi —respondió—. Me parece que finalmente has encontrado el estilo que mejor te queda.
—Estas gafas son divertidísimas. Puedo verlo todo con una nitidez increíble.
—¿Y ves algo que pueda interesarme?
—Aparte de un par de pumas y unos osos con pinta de estar hambrientos, puedes estar tranquilo; no hay nadie más.
—Perfecto. Ya casi he terminado. Ahora lo único que me queda por hacer es esparcir un poco de harina por el suelo y desovillar el hilo.
—¿Harina?
—Es para asegurarme de que nadie se acerque al equipo y lo manipule sin que me dé cuenta. Sus huellas quedarían impresas en la harina, y con el hilo sabré si alguien se acerca.
—Qué gran idea. Aunque supongo que te habrás dado cuenta de que estamos solos, ¿verdad?
—Nunca se sabe —contestó él.
—Oh, pues yo sí que lo sé. En fin, sigue con tus preparativos; yo continuaré apuntando con la cámara hacia la dirección adecuada. Por cierto, lo estás haciendo muy bien.

Nick se echó a reír mientras abría la bolsa de harina y empezaba a esparcirla por el suelo, formando una delgada capa blanca alrededor de las cámaras. Acto seguido hizo lo mismo alrededor de los micrófonos y del resto del material, después ató el hilo a una rama y formó un extenso cuadrado que rodeaba toda el área, como si estuviera acordonando la escena de un crimen. Realizó una segunda pasada con el hilo medio metro por debajo del primer cuadrado y luego colgó unas campanitas en el hilo. Cuando hubo terminado, se dirigió hacia donde estaba Miley.
—No sabía que había que hacer tantas cosas —comentó ella.
—Supongo que a partir de ahora me tratarás con un poco más de respeto, ¿no?
—No creas. Sólo intentaba entablar conversación.
Nick sonrió antes de hacer una señal hacia el coche.
—Voy a apagar las luces del coche. Y con un poco de suerte, nada de esto habrá sido en vano.

Cuando apagó el motor, el cementerio se tornó negro, y Nick esperó unos instantes para que sus ojos se adaptaran a la falta de luz. Por desgracia, no se adaptaron; el cementerio estaba más oscuro que una cueva. Intentó ir a tientas hasta la verja, totalmente a ciegas, pero tropezó con la raíz de un árbol justo en la entrada del cementerio, y poco le faltó para darse de bruces contra el suelo.
—¿Puedes pasarme las gafas de visión nocturna, por favor? —gritó.
—Ni hablar —la oyó responder—. Ya te lo he dicho, este chisme es fantástico; puedo ver perfectamente. No te preocupes, sigue andando hacia delante, que vas bien.
—Pero no puedo ver nada.
—Sigue andando. Sólo preocúpate por los cuatro escalones que tienes enfrente.
Nick inició la marcha lentamente, con los brazos extendidos hacia delante.
—¿Y ahora qué?
—Estás justo enfrente de una cripta, así que muévete hacia la izquierda.
Por la inflexión de su voz, parecía que Miley se lo estaba pasando en grande.
—Te has olvidado decir: «Simón dice».
—¿Quieres que te ayude o no?
—Lo que quiero es que me des mis gafas —exclamó en tono suplicante.
—Ven a buscarlas.
—¿Y por qué no vienes tú a traérmelas?
—Podría, pero no lo haré. Es mucho más divertido ver cómo deambulas por ahí como un zombi. Ahora muévete a la izquierda. Ya te diré cuándo tienes que detenerte.

El juego prosiguió en esa línea hasta que finalmente Nick logró regresar al lado de Miley. Se sentó un momento en el suelo, y ella se quitó las gafas entre risitas.
—Toma.
—Gracias.
—No hay de qué. Ha sido un placer ayudarte.
 

Durante la siguiente media hora, Miley y Nick rememoraron detalles de la fiesta. Estaba demasiado oscuro para que Nick pudiera ver la cara de Miley, pero le gustó mucho la sensación de tenerla tan cerca en medio de la oscuridad circundante.

Cambiando el tema de conversación, él dijo:
—Cuéntame qué pasó la vez que viste las luces. Esta noche he oído las versiones de todo el mundo, excepto la tuya.
A pesar de que sus rasgos no eran nada más que sombras, Nick tuvo la impresión de que ella se dejaba llevar por los recuerdos de algo que no estaba segura de querer recordar.
—Tenía ocho años —evocó, con la voz suave—. No sé por qué razón, empecé a tener pesadillas sobre mis padres. Doris tenía colgada en la pared una foto del día que se casaron, y ésa era la apariencia que tenían en mis sueños: mamá vestida con su traje de novia, y papá con su esmoquin. Pero en mis sueños los veía atrapados en el coche después de caer al río. Era como si los estuviera contemplando desde fuera del coche, y podía ver el pánico reflejado en sus caras mientras el agua engullía el coche lentamente. Mi madre tenía una expresión realmente triste, como si se diera cuenta de que eso era el final; de repente, el coche empezaba a hundirse más rápidamente, y yo lo veía todo desde arriba.

Su voz tenía un extraño tono emotivo. Suspiró hondamente y reemprendió el relato:
—Me despertaba gritando. No sé cuántas veces sucedió (con los años todos los recuerdos acaban volviéndose borrosos), pero probablemente tuve esa pesadilla bastantes veces antes de que Doris se diera cuenta de que no se trataba sólo de una fase. Supongo que otros padres me habrían llevado a un terapeuta, pero Doris..., bueno, ella se limitó a despertarme una noche, me pidió que me vistiera y que me abrigara con una chaqueta gruesa, y a continuación me trajo aquí. Me dijo que iba a mostrarme algo maravilloso.

Volvió a suspirar.
—Recuerdo que era una noche cerrada como ésta, así que Doris me agarró de la mano para evitar que tropezara y me cayera. Deambulamos entre las tumbas y luego nos sentamos un rato, hasta que aparecieron las luces. Parecía como si estuvieran vivas. De repente todo se iluminó, hasta que las luces desaparecieron. Después regresamos a casa.
Nick casi podía notar cómo se encogía a causa de los recuerdos.
—Aunque era muy pequeña, comprendí lo que había pasado, y cuando volvimos a casa, no pude dormir, porque estaba segura de que acababa de ver los fantasmas de mis padres. Era como si hubieran venido a visitarme. Después de esa vivencia, nunca más volví a tener aquella pesadilla.
Nick la escuchaba en silencio. Ella se inclinó hacia él, para acercarse un poco más.
—¿Me crees?
—Sí —respondió—. De veras, te creo. Estoy seguro de que, aunque no te conociera, tu historia sería la que más recordaría de esta noche.
—Pues mira, si no te importa, preferiría que mi experiencia no apareciera en tu artículo.
—¿Estás segura? Podrías hacerte famosa.
—No me interesa, gracias. Ya he sido testigo de cómo un poco de fama puede arruinar a un tipo estupendo.

Él soltó una carcajada.
—Puesto que esta historia quedará entre tú y yo, ¿puedo preguntarte si tus recuerdos eran uno de los motivos por los que has aceptado venir conmigo aquí esta noche? ¿O era simplemente porque querías disfrutar de mi extraordinaria compañía?
—Bueno, definitivamente no ha sido por la segunda razón —aseveró Miley, aunque a pesar de sus palabras, sabía que sí que lo era. Le pareció que él también se daba cuenta, pero en la breve pausa que siguió a su comentario, notó que sus palabras habían sido demasiado punzantes—. Lo siento —se disculpó.
—No pasa nada —dijo él, agitando la mano—. Recuerda, tengo cinco hermanos mayores. Los insultos han formado parte de mis relaciones familiares desde que era pequeño, así que estoy más que acostumbrado.
Ella irguió la espalda.
—Muy bien, contestando a tu pregunta... Quizá sí que quería ver las luces de nuevo. Para mí siempre han sido una fuente de apoyo.
Nick rompió una ramita del suelo, jugueteó con ella unos instantes y luego la tiró a un lado.
—Tu abuela demostró ser una mujer muy inteligente. Me refiero a lo que hizo.
—Es una mujer muy inteligente.
—Es cierto —ratificó Nick, y justo entonces Miley se acercó más a él, como si se esforzara por ver algo a lo lejos.
—Supongo que querrás encender las cámaras —dijo ella.
—¿Por qué?
—Porque se acercan. ¿No lo notas?

Nick estaba a punto de bromear sobre el hecho de lo ávido que era como cazafantasmas cuando se dio cuenta de que no sólo podía ver a Miley, sino también las cámaras que quedaban más apartadas. Y también divisó la senda hasta el coche. En esos momentos empezaba a haber más luz.
—¡Eh! —exclamó ella—. ¿Vas a dejar escapar tu gran oportunidad?
El parpadeó varias veces seguidas para asegurarse de que sus ojos no le estaban jugando una mala pasada, luego activó el control remoto de las tres cámaras. Los pilotos rojos se encendieron a lo lejos. Era todo lo que podía hacer para procesar el hecho de que sucedía algo anómalo.

Miró a su alrededor, como buscando algún coche que pasara cerca de la carretera o alguna casa iluminada, y cuando volvió a mirar hacia las cámaras, decidió que definitivamente pasaba algo raro. No sólo podía ver las cámaras, sino también el detector electromagnético en el centro del triángulo. Cogió las gafas de visión nocturna.
—No las necesitarás —anunció ella.
De todas formas, Nick se las puso, y súbitamente el mundo adoptó un resplandor verde fosforescente. Mientras se incrementaba la intensidad de la luz, la niebla empezaba a adoptar formas más sinuosas.

Consultó la hora: pasaban diez segundos de las 23.44, y anotó el dato para no olvidarlo. Se preguntó si la luna había salido repentinamente; lo dudaba, pero de todos modos pensaba consultar la fase lunar cuando regresara a su habitación en el Greenleaf.

Pero esos pensamientos no eran más que secundarios. La niebla, tal y como Miley había predicho, continuó haciéndose más luminosa, y Nick se quitó las gafas por un momento, notando la diferencia entre las imágenes. La luminosidad iba en aumento, pero el cambio todavía parecía más significativo con las gafas. Se moría de ganas de comparar las imágenes grabadas con las cámaras una a una. Pero en esos precisos instantes, todo lo que podía hacer era mirar fijamente hacia delante, esta vez sin las gafas.

Conteniendo la respiración, contempló cómo la niebla delante de ellos se tornaba más plateada, antes de cambiar a un amarillo pálido, luego a un blanco opaco, y finalmente adquirir una luminosidad prácticamente cegadora. Por un momento, sólo un momento, casi todo el cementerio se hizo visible —como un campo de fútbol iluminado antes de que empiece el partido—, y pequeñas porciones de la luz de la niebla empezaron a agitarse en un círculo de reducidas dimensiones antes de esparcirse súbitamente hacia el exterior del núcleo, como si se tratara de una estrella que acabara de explotar. Por un instante, Nick imaginó que veía las formas de personas o de cosas, pero justo entonces la luz empezó a retirarse, como si alguien la estuviera arrastrando con un hilo, hacia atrás, hacia el centro, y antes de que pudiera darse cuenta, las luces habían desaparecido y el cementerio volvía a estar completamente a oscuras.

Nick parpadeó para asegurarse de que no estaba soñando y acto seguido consultó nuevamente la hora. La visión había durado veintidós segundos exactamente. A pesar de que sabía que debía incorporarse e ir a inspeccionar el equipo, se quedó unos instantes con la mirada clavada en el punto donde los fantasmas de Cedar Creek habían hecho su aparición.

Los fraudes, los errores sin mala fe y las coincidencias eran las explicaciones más frecuentes para eventos tachados de sobrenaturales, y hasta ese momento, cada investigación llevada a cabo por Nick encajaba en una de esas tres categorías. La primera tendía a ser la razón más predominante en situaciones en que alguien intentaba sacar alguna clase de provecho. En esta categoría se encontraba William Newell, por ejemplo, que alegaba haber encontrado, en su granja de Nueva York en 1869, los restos petrificados de un gigante, una estatua conocida como el Gigante de Cardiff. Timothy Clausen, el espiritista, era otro ejemplo.

Mas los fraudes también incluían a aquellos que simplemente querían ver a cuánta gente podían engañar, no por dinero, sino únicamente para constatar si eso era posible. Doug Bower y Dave Chorley los granjeros ingleses que crearon el fenómeno conocido como los círculos en los sembrados, eran un claro ejemplo; el médico que fotografió al monstruo del lago Ness en 1933 era otro. En ambos casos, el engaño fue originalmente perpetrado como una broma práctica, pero el interés que sus engaños despertaron en el público fue tan grande que los culpables no se atrevieron a realizar las confesiones pertinentes.

Los errores sin mala fe, por otro lado, eran simplemente eso: alguien que confundía un globo aerostático con un ovni, un oso con Bigfoot, o de repente se descubría que alguien había movido unos restos arqueológicos hasta la ubicación que ocupaban en la actualidad cientos o miles de años después de su emplazamiento original. En esos casos, el testigo veía algo, pero la mente convertía la visión en algo completamente distinto.

En el saco de las coincidencias tenía cabida prácticamente el resto de los casos, y era simplemente una cuestión de probabilidad matemática. Por increíble que pudiera parecer que un evento sucediera, mientras existiera la más leve posibilidad de que pasara, probablemente acabaría sucediéndole a alguien, en algún lugar, en algún momento. Por ejemplo, la novela Futilidad de Robert Morgan, publicada en 1898 —catorce años antes del hundimiento del Titanic—, narraba la historia del barco de pasajeros más grande del mundo que partía del puerto de Southampton en su viaje inaugural, durante la travesía chocaba contra un iceberg, y un nutrido número de sus pasajeros ricos y famosos perecían trágicamente en las gélidas aguas del Atlántico Norte por falta de suficientes botes salvavidas. El nombre del barco, irónicamente, era Titán.

Sin embargo, lo que había sucedido en el cementerio de Cedar Creek no acababa de encajar en ninguna de estas tres categorías. A Nick no le pareció que las luces fueran fruto ni de un fraude ni de una coincidencia, y tampoco creyó que se tratara de un error sin mala fe. Debía de haber alguna explicación lógica, pero allí sentado en el cementerio, todavía aturdido por la visión que acababa de presenciar, no tenía ni idea de lo que podía ser.

Durante el transcurso de los acontecimientos, Miley había permanecido sentada y no había pronunciado ni una sola palabra.
—¿Y bien? —preguntó finalmente—. ¿Qué opinas?
—Todavía no lo sé —admitió Nick—. He visto algo, de eso estoy seguro.
—¿Habías visto algo parecido en tu vida?
—No —confesó él—. Por primera vez tengo la impresión de estar ante algo misterioso.
—Es increíble, ¿no crees? —declaró ella, con una voz inmensamente suave—. Casi había olvidado lo bonitas que eran. He oído hablar de las auroras boreales, y a veces me pregunto si deben de asemejarse.

Nick no respondió. Allí sentado en silencio, recreó las luces mentalmente, pensando que la intensidad progresiva que habían ido adquiriendo le recordaba a los faros de un coche en dirección contraria después de una curva. Simplemente tenían que ser el resultado de alguna clase de vehículo en movimiento, pensó. Miró otra vez hacia la carretera, esperando a que pasara un coche, pero no le sorprendió no ver ninguno.

Durante unos minutos, Miley no lo interrumpió. Después se inclinó hacia delante y le dio un golpecito en el brazo para llamar su atención.
—Bueno, ¿qué hacemos ahora?
Nick sacudió enérgicamente la cabeza, intentando enfocar toda su atención en ella.
—¿Hay alguna autopista cerca, o alguna carretera principal?
—Sólo la que hemos tomado para venir hasta aquí, la que atraviesa el pueblo.
—Hum —musitó él frunciendo el ceño.
—Vaya, esta vez no has recurrido a tu expresión favorita. ¿Es que aún no has hallado la solución al misterio?
—No, aún no —contestó Nick—. Pero no te preocupes; lo encontraré.
A pesar de la oscuridad total, le pareció que podía verla sonriendo socarronamente.
—¿Por qué tengo la impresión de que tú ya sabes el motivo que origina esas luces?
—No lo sé —respondió ella en un tono inocente—. ¿Por qué?
—Sólo es un presentimiento. Yo también soy muy bueno leyendo los pensamientos de la gente. Un individuo llamado Clausen me enseñó todos sus secretos.

Miley se echó a reír.
—Perfecto. Entonces ya sabes lo que estoy pensando.
Ella le dio un momento para que intentara averiguarlo antes de inclinarse hacia delante. Sus ojos transmitían una oscura aura de seducción, y a pesar de que Nick debía de estar pensando en otras cosas, nuevamente recordó lo guapa que estaba en la fiesta.
—¿No te acuerdas de mi historia? —susurró ella—. Eran mis padres. Probablemente querían conocerte.
Quizá fuera el tono huérfano que usó cuando pronunció esas palabras —triste y tierno a la vez— lo que provocó que Nick notara cómo se le formaba un nudo en la garganta; tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no abrazarla con fuerza allí mismo, con la intención de no separarse nunca más de ella.
 

Media hora más tarde, después de cargar todo el material en el coche, estaban de nuevo delante de la casa de Miley.

Ninguno de los dos había hablado demasiado durante el trayecto de vuelta, y cuando estuvieron frente a la puerta, Nick se percató de que, mientras conducía, había pasado más tiempo pensando en ella que en las luces. No deseaba que la noche tocara a su fin, todavía no.

Estaba pensando en cómo insinuarle que lo invitara a entrar cuando Miley se tapó la boca con una mano y bostezó antes de soltar una carcajada incómoda.
—Lo siento, pero es que a estas horas no suelo estar despierta.
—No pasa nada —respondió él, mirándola fijamente a los ojos—. Lo he pasado estupendamente esta noche.
—Yo también —asintió ella.
Nick dio un pequeño paso hacia delante. Miley se dio cuenta de que él pretendía besarla y se puso a manosear la solapa de la chaqueta nerviosamente.
—Bueno, será mejor que entre —dijo, esperando que él captara la indirecta.
—¿Estás segura? Podríamos ver las grabaciones juntos, si quieres. Quizá podrías ayudarme a averiguar qué son realmente esas luces.
Miley desvió la vista hacia un lado, con una expresión melancólica.
—Por favor, no lo eches a perder, ¿vale? —murmuró.
—¿Echar a perder el qué ?
—Esto... Todo... —Cerró los ojos, intentando ordenar sus pensamientos—. Los dos sabemos que quieres entrar, pero aunque yo también lo desee, no te invitaré a pasar, así que por favor, no me lo pidas.
—¿Acaso he hecho algo malo?
—No, qué va. Hoy me lo he pasado muy bien, te lo aseguro; ha sido un día estupendo. Francamente, hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto.
—Entonces, ¿qué pasa?
—Desde que llegaste al pueblo, no has parado de cortejarme, y ambos sabemos lo que pasará si dejo que atravieses el umbral de esta puerta. Pero después tú te marcharás. Y cuando lo hagas, la única que saldrá malparada seré yo. Así pues, ¿por qué empezar algo que no tienes intención de acabar?
Con otra persona, con cualquier otra persona, Nick habría hecho gala de su astucia con alguna broma o habría cambiado de tema con el fin de ganar tiempo y pensar en otra forma de conseguir que lo invitaran a entrar. Pero mientras la contemplaba en el porche, no conseguía hallar las palabras adecuadas. Aunque pareciera extraño, él tampoco quería echar a perder la historia tan especial que había nacido entre ellos dos.
—Tienes razón —admitió al tiempo que se esforzaba por dibujar una sonrisa en sus labios—. Será mejor que me marche. Debería estar investigando de dónde provienen esas luces.

Por un momento, Miley pensó que no había oído bien, pero cuando Nick dio un paso hacia atrás, ella lo miró directamente a los ojos.
—Gracias.
—Buenas noches, Miley.
Ella asintió con la cabeza y, después de una pausa incómoda, dio media vuelta en dirección a la puerta. Nick interpretó el movimiento como una señal de despedida, y bajó los peldaños del porche mientras Miley sacaba las llaves del bolsillo de la chaqueta. Ya había insertado la llave en la cerradura de la puerta cuando oyó la voz de Nick a sus espaldas.
—¡Eh! ¡Miley!
En la niebla apenas podía distinguir su silueta.
—¿Sí?
—Supongo que no me creerás, pero lo último que desearía sería hacerte daño o alguna cosa por la que te arrepintieras de haberme conocido.

A pesar de que ella sonrió brevemente a raíz del comentario, se dio la vuelta y desapareció sin decir ni una sola palabra. La falta de respuesta surtió más efecto que mil palabras, y por primera vez en su vida, Nick no sólo se sintió decepcionado consigo mismo, sino que de repente sintió un enorme deseo de ser alguien completamente distinto.

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AWN! Aquí es cuando las cosas comienzan a ponerse intensas WAHAHAHAHA! okno. Buee, en unos caps. más sí. ;D

Girls! No sé cuándo voy a publicar cap. de "Don't You Want Me?", espero hacerlo lo más pronto posible que pueda. (: LOL. Para mientras subiré de esta. (: & bueno, eso. Nada más.

No sé qué más decir... D:

Bye, las amo, & NUNCA DEJEN DE CREER! :D atte: AIMiller / Nicky AB. ;)

viernes, 6 de enero de 2012

True Believer - Chapter 9

Un poco más tarde, esa misma noche, mientras la niebla se tornaba más densa, Joe Miller pensó que la plantación de Lawson tenía toda la pinta de estar lista para un concierto de Barry Manilow.

Durante los últimos veinte minutos había estado ocupado dirigiendo el tráfico hacia los terrenos que habían habilitado para aparcar los coches de los invitados, contemplando con desconcierto la procesión de individuos eufóricos que se dirigían hacia la puerta. Hasta ese momento había visto a los doctores Benson y Tricket; a Albert, el dentista; a los ocho miembros del Consistorio, entre ellos Tully y Jed; al alcalde y al personal de la Cámara de Comercio; a toda la junta directiva de la escuela; a los nueve comisionados del condado; a los voluntarios de la Sociedad Histórica; a tres contables; a todo el personal del Herbs; al barman del Lookilu; al barbero, e incluso a Toby, quien a pesar de que se dedicaba a limpiar las fosas sépticas del pueblo, tenía un aspecto remarcablemente distinguido. La plantación de Lawson ni siquiera estaba tan concurrida en Navidad, cuando la decoraban hasta límites inimaginables y permitían el acceso libre a todos los de la localidad el primer viernes de diciembre.

Sin embargo, esta vez era diferente. No era una celebración en la que los amigos y los familiares se reunieran para disfrutar de la compañía antes de la locura y las prisas de las fiestas navideñas. La finalidad del evento era honorar a alguien que no tenía nada que ver con el pueblo y al que el lugar le importaba claramente un pimiento. Incluso peor: aunque estaba allí por una cuestión oficial, de repente Joe tuvo la certeza de que no debería ni haberse preocupado por planchar la camisa y lustrarse los zapatos, puesto que dudaba que Miley se fijara en esa clase de detalles.

Lo sabía todo sobre ese par. Después de que Doris regresara al Herbs para hacerse cargo de la cena, el alcalde se había dejado caer por el restaurante y había mencionado las ominosas noticias sobre Nick y Miley, y Demi lo había llamado sin perder ni un segundo. Demi, pensó, era un cielo en ese sentido; siempre lo había sido. Sabía lo que él sentía por Miley y no le gastaba bromas al respecto como el resto de sus amigos. De todos modos, tuvo la impresión de que a ella tampoco le hizo ni pizca de gracia que los dos fueran juntos a la fiesta. Pero Demi sabía ocultar mejor sus sentimientos que él, y justo en ese momento Joe hubiera preferido estar en cualquier otro lugar menos en la plantación de Lawson. Le molestaba todo, absolutamente todo, lo referente a esa noche.

Especialmente el modo en que se estaba comportando toda la población. No recordaba haber visto a los muchachos tan excitados ante las perspectivas del futuro del pueblo desde que Raleigh News & Observer envió a un reportero para escribir un artículo sobre Jumpy Walton, quien intentaba construir una réplica del rudimentario avión de los hermanos Wright y en el que pensaba volar en conmemoración del centésimo aniversario de la aviación en Kitty Hawk. Jumpy, al que todos sabían que le faltaban un par de tornillos, llevaba tiempo proclamando que prácticamente ya había terminado la réplica, pero cuando abrió los portones del granero para mostrar con pleno orgullo su obra maestra, el reportero se dio cuenta de que Jumpy no tenía ni idea de lo que hacía. En el granero, la réplica se asemejaba a una versión gigante y retorcida de un pollo hecho con alambres y paneles chapados.

Y ahora el pueblo había depositado todas sus esperanzas en la existencia de fantasmas en el cementerio y en que el urbanita consiguiera atraer al mundo entero hasta la mismísima puerta de Boone Creek precisamente gracias a esos fantasmas. Joe tenía serias dudas de que el plan saliera como todos esperaban. Además, francamente, le importaba un comino si el mundo entero venía o no. Lo único que quería era que Miley continuara formando parte de su mundo.

 
En el otro extremo del pueblo y casi a la misma hora, Miley se asomó al porche de su casa justo en el momento en que Nick doblaba la esquina de su calle con un ramo de flores silvestres en la mano. «Qué detalle más agradable», pensó ella, y de repente deseó que él no se diera cuenta de su nerviosismo.

A veces ser mujer suponía todo un reto, y esa noche el reto era más que considerable. Primero porque no estaba segura de si se trataba de una cita formal o no. Desde luego la situación se asemejaba más a una cita que su rápida escapada al mediodía, pero no se trataba exactamente de una cena romántica para dos, y no estaba segura de si habría aceptado algo similar. Después también estaba la cuestión de la imagen y el aspecto que deseaba proyectar, no sólo con Nick sino con el resto de los que los verían aparecer juntos. Si además añadía que se sentía mucho más a gusto con unos vaqueros viejos y que no tenía intención de lucir ningún jersey escotado, toda la cuestión se tornaba tan confusa que finalmente Miley tiró la toalla. Al final se decidió por una imagen profesional: un traje pantalón de color marrón con una blusa de color marfil.

En cambio, él se había decantado por una imagen funeraria: todo de negro, a lo Johnny Cash, como si la ocasión no le importara lo suficiente como para elegir un traje más festivo.
—Vaya, veo que no has tenido problemas para llegar hasta aquí —comentó Miley a modo de saludo.
—No ha sido tan difícil —reconoció Nick—. Me mostraste tu casa cuando estábamos en la cima de Riker's Hill, ¿recuerdas? —Le entregó las flores—. Son para ti.

Ella las aceptó con una sonrisa adorable, incluso sensual, aunque a Nick le pareció que el término «adorable» era más apropiado.
—Gracias. ¿Qué tal te ha ido con los diarios?
—Muy bien, aunque hasta ahora no he encontrado nada espectacular en los que he leído.
—No desesperes —apuntó ella con una sonrisa enigmática—. Quién sabe lo que vas a encontrar. —Se acercó el ramo de flores a la nariz—. Son muy bonitas. Dame un segundo para que las ponga en un jarrón con agua y coja un abrigo.
—Te esperaré aquí —dijo Nick al tiempo que abría las manos, mostrando las palmas.

Un par de minutos más tarde ya estaban en el coche, conduciendo a través del pueblo en dirección opuesta al cementerio. Entre tanto, la niebla continuaba espesándose, y Miley se dedicó a indicarle a Nick por qué calles tenía que ir hasta que llegaron a una carretera más amplia, flanqueada por unos magníficos robles que parecían centenarios. Aunque él no podía divisar la casa, aminoró la marcha cuando se acercó a una elevada valla de setos que supuso que debía de bordear toda la finca. Se inclinó hacia el volante, preguntándose qué dirección debía tomar.
—Aparca por aquí, si quieres —sugirió Miley—. No creo que encuentres aparcamiento más adelante, y además, seguramente te interesará poder sacar el coche más tarde, cuando decidas marcharte.
—¿Estás segura? Si ni siquiera podemos ver la casa.
—Confía en mí. ¿Por qué crees que he cogido el abrigo largo?

Nick dudó sólo unos instantes antes de decidirse. ¿Por qué no? Y unos momentos más tarde, los dos estaban caminando por la carretera. Miley luchaba para que el viento no le abriera el abrigo. Siguieron la curva de la valla de setos, y de repente, la vieja mansión georgiana apareció en toda su gloria delante de ellos.

Sin embargo, lo primero que Nick vio no fue la casa, sino los coches: un montón de coches, aparcados de forma aleatoria, con los morros apuntando en todas direcciones como si planearan escapar de allí de la forma más práctica posible. Y seguían llegando más vehículos que, o bien daban vueltas alrededor de ese enorme caos de coches mal aparcados, mostrando las luces de los frenos constantemente, o bien intentaban entrar con calzador en los escasos espacios libres que quedaban.

Nick se detuvo y contempló la escena.
—Pensé que se trataba de una fiestecita, algo más íntimo, parecido a una reunión familiar.
Miley asintió.
—Esta es la versión que el alcalde tiene de una fiestecita. Note olvides de que conoce prácticamente a todo el mundo condado.
—¿Y tú sabías que sería un acontecimiento de esta magnitud?
—Claro.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—No me canso de repetírtelo: porque no me lo preguntante. Y además, pensé que ya lo sabrías.
—¿Cómo quieres que me imaginara que el alcalde a organizar una cosa así?
Ella sonrió y desvió la vista hacia la casa.
—Realmente es impresionante, ¿no crees? Aunque eso no significa que crea que te merezcas esta clase de recepción.
Nick arrugó la nariz, con aire divertido.
—Empiezo a acostumbrarme a tu encanto sureño.
—Gracias. Y no te preocupes por esta noche. No resultará tan estresante como supones. Todos son muy afables, y si en algún momento te asalta alguna duda, recuerda que eres el invitado de honor.
 

Según Demi, Doris demostró ser la organizadora de cenas más eficiente del mundo entero; había montado todo el tinglado sin ningún tropiezo e incluso todavía les había sobrado tiempo En lugar de ocuparse de servir la comida durante la velada, Demi se estaba dedicando a contonearse entre la multitud con su mejor vestido de fiesta, una imitación de Chanel, cuando diviso a Joe subiendo las escaleras del porche.

Con su uniforme más que impecable, se dijo que tenía aspecto de un verdadero oficial, como un marine en uno de esos antiguos pósteres de la segunda guerra mundial que adornaban las salas de la asociación de los Veteranos de Guerras en el Extranjero en Main Street. Los otros ayudantes del sheriff tenían las barrigas demasiado llenas de michelines y de Budweisers; pero en sus horas libres, Joe se dedicaba a levantar pesas en el gimnasio que había improvisado en su garaje. Siempre tenía la puerta del garaje abierta mientras practicaba, y a veces, cuando Demi regresaba a casa después del trabajo, se detenía para charlar un rato con él, como buenos y viejos amigos que eran. Habían sido vecinos desde chiquillos, y su madre guardaba fotos de los dos bañándose juntos en la bañera. La gran mayoría de los viejos amigos no podían jactarse de lo mismo.

Demi sacó una barra de carmín del bolso y se retocó los labios, plenamente consciente de lo que sentía por él. Cada uno había hecho su vida por separado, pero en los dos últimos años las cosas habían cambiado. Dos veranos antes, habían acabado sentándose muy cerca en el Lookilu, y ella se había fijado en la expresión de la cara de Joe mientras éste miraba atentamente las trágicas noticias en la televisión sobre un joven que había muerto en un accidente de tráfico en Raleigh. Ver cómo a Joe se le humedecían los ojos por la pérdida de un desconocido le afectó de una manera que no podía imaginar. Y le sucedió lo mismo, por segunda vez, durante la pasada Semana Santa, cuando el Departamento del sheriff patrocinó la búsqueda oficial de los huevos de Pascua que el Ayuntamiento organizaba en la Logia Masónica, y él la apartó hasta un rincón y le desveló algunos de los lugares más difíciles donde había escondido los huevos. Parecía más excitado que los niños, lo que contrastaba plenamente con sus bíceps hinchados, y entonces Demi recordó que en esos momentos se dijo que Joe sería la clase de padre de la que cualquier esposa se sentiría más que orgullosa.

Mirando hacia atrás, calculó que fue justamente entonces cuando sus sentimientos hacia Joe cambiaron. No era que se hubiera enamorado de él en ese preciso instante, pero fue el momento en que se dio cuenta de que tenía alguna posibilidad con él, por reducida que ésta fuera. Joe bebía los vientos por Miley. Siempre había estado enamorado de ella y siempre lo estaría, y Demi hacía tiempo que había llegado a la conclusión de que nada podría cambiar lo que él sentía por ella. A veces no le resultaba nada fácil, pero había días en que no le importaba en absoluto. No obstante, últimamente tenía que admitir que las veces en que eso no le importaba eran cada vez más escasas.

Demi se abrió paso entre el hervidero de gente al tiempo que lamentaba haber sacado a colación el tema de Nick Jonas al mediodía. Tendría que haber sabido qué era lo que le preocupaba a Joe. A esas horas parecía que todo el pueblo hablaba sobre Miley y Nick; había empezado el tendero que les había vendido el refrigerio, y luego los cotilleos se habían expandido tan rápido como la pólvora cuando el alcalde anunció que los dos iban a ir juntos a la fiesta. Todavía le gustaría ir a Nueva York pero mientras recordaba mentalmente la conversación con Nick, se dio cuenta de que posiblemente él no había tenido intención de invitarla, sino sólo de charlar un rato con ella. No era la primera vez que malinterpretaba lo que le decían.

Pero es que Nick Jonas era simplemente... perfecto.

Era culto, inteligente, encantador, famoso y, lo mejor de todo forastero. De ningún modo Joe podía competir con eso, y Demi tenía la sospecha de que Joe lo sabía. Pero Joe, por otro lado, estaba ahí y no tenía intención de marcharse, lo cual suponía otra clase de ventaja, dependiendo de cómo se enfocara. Y tenía que admitir que, a su modo, también era responsable y apuesto.
—Eh, Joe —lo saludó ella, sonriendo.
Joe miró por encima del hombro.
—Ah, hola Demi. ¿Qué tal?
—Bien, gracias. Vaya fiestecita, ¿eh?
—Genial —proclamó, sin ocultar el sarcasmo en su voz—. ¿Qué tal va todo ahí dentro?
—Muy bien. Ahora mismo acaban de colgar el cartel.
—¿Qué cartel?
—El de bienvenida a Nick Jonas. Su nombre aparece en unas despampanantes letras azules.
Joe soltó un bufido al tiempo que sentía una ligera opresión en el pecho.
—Genial —volvió a repetir.
—Deberías ver la que el alcalde ha montado; no sólo el cartel y la comida, sino que también le hará entrega de la llave de la ciudad.
—Eso he oído —dijo Joe.
—Y también han venido los Mahi-Mahis —continuó ella, refiriéndose a un cuarteto cuyos miembros llevaban cuarenta y tres años cantando juntos, y a pesar de que dos de ellos necesitaban usar andadores y uno tenía un tic nervioso que lo obligaba a cantar con los ojos cerrados, eran sin lugar a dudas el grupo más famoso a doscientos kilómetros a la redonda.
—Cojonudo —bramó Joe de nuevo. En ese momento, Demi se dio cuenta de su tono disgustado.
—Supongo que no quieres oír nada más sobre la fiesta, ¿no?
—Has acertado.
—Entonces, ¿por qué has venido?
—Tom me lo pidió. No sé cuándo aprenderé a estar alerta para que ese dichoso manipulador no me pille desprevenido; a ver si de ese modo no me dejo convencer tan fácilmente.
—Vamos, hombre, no será tan terrible —comentó ella—. Quiero decir que ya ves cómo va la gente esta noche. Todo el mundo quiere hablar con él. Miley y él no podrán estar juntos todo el rato, separados del resto de los invitados. Me apuesto lo que quieras a que ni siquiera podrán intercambiar más de diez palabras durante toda la velada. Venga, anímate. Ah, por si te sirve de algo, te he guardado un plato de comida, por si te quedas sin probar bocado.

Joe dudó unos instantes antes de sonreír. Demi siempre se mostraba atenta con él.
—Gracias, Demz. —Por primera vez, se fijó en el traje que ella lucía, y sus ojos se detuvieron en los pequeños aros dorados que guarnecían los lóbulos de sus orejas. Entonces añadió—: Estás muy guapa esta noche.
—Gracias.
—¿Te apetece hacerme compañía durante un rato?
Demi sonrió.
—Será un placer.
 

Nick y Miley se abrieron paso hacia la mansión entre la aglomeración de coches aparcados, emitiendo pequeñas nubes de vaho por la boca cada vez que exhalaban. En las escaleras de la entrada, Nick vio cómo cada pareja se detenía unos instantes en la puerta antes de entrar, y necesitó sólo un par de segundos para distinguir a Joe Miller, de pie, cerca de la puerta. Los ojos de Joe toparon con los de Nick en ese mismo momento, y su sonrisa se tornó rápidamente en una mueca de desagrado. Incluso a distancia, tenía toda la pinta de un ogro celoso, y lo peor de todo: iba armado. Nick se sintió particularmente incómodo. Miley siguió su mirada.
—Oh, no te preocupes por Joe —lo tranquilizó—. Ahora estás conmigo.
—Eso es precisamente lo que me preocupa —aclaró él—. No sé por qué, pero tengo la impresión de que no le ha hecho ni pizca de gracia que lleguemos juntos a la fiesta.

Miley sabía que Nick tenía razón, aunque se sintió aliviada al ver que Demi estaba al lado de Joe. Ella siempre sabía cómo calmarlo, y hacía mucho tiempo que pensaba que sería la mujer perfecta para él. No obstante, todavía no había encontrado la forma de exponérselo a él sin herir sus sentimientos. No era la clase de comentario que pudiera sacar a colación mientras estaban bailando en la fiesta benéfica que cada año organizaban los Shriner, la familia más rica del pueblo.
—Deja que hable yo con él —se ofreció ella.
—Mira, precisamente estaba pensando que eso sería lo mejor.
Demi se puso visiblemente contenta cuando los vio subir por las escaleras.
—¡Eh! ¡Vosotros dos! —exclamó cuando los tuvo más cerca. Luego se abalanzó hacia delante y agarró a Miley cariñosamente por el brazo—. Me encanta tu abrigo, Miles.
—Gracias, Demi. Tú también vas muy elegante —respondió Miley.

Nick no dijo nada. En lugar de eso, se limitó a examinarse las uñas de los dedos, intentando evitar la mirada asesina con la que Joe lo estaba acribillando. A continuación se hizo un repentino silencio, y Demi y Miley se miraron incómodas. Demi no tuvo problemas para interpretar la cara de Miley, y enseguida dio un paso hacia delante.
—Y usted, señor periodista famoso —gritó—. Sólo hay que mirarlo una vez para comprender por qué las mujeres no pararán de suspirar durante toda la noche. —Esbozó una amplia sonrisa—. Siento pedírtelo, Miley, pero ¿verdad que no te importa si escolto a este rompecorazones hasta dentro? El alcalde lleva rato esperándolo.
—Oh, no te preocupes —repuso Miley, consciente de que necesitaba hablar un minuto a solas con Joe. Miró a Nick y asintió con la cabeza—. Adelante, en un minuto estoy contigo.
Demi se agarró al brazo de Nick, y antes de que él pudiera darse cuenta, ella lo estaba guiando hacia el interior de la mansión.
—Veamos, cielo, ¿habías estado antes en una plantación del sur tan chic como ésta? —le preguntó Demi.
—La verdad es que no —contestó Nick, preguntándose si lo estaban conduciendo hacia la boca del lobo.
Miley hizo un gesto en señal de gratitud hacia su amiga, y Demi le guiñó el ojo. Después se volvió hacia Joe.
—No es lo que piensas —empezó a decir, y Joe levantó las manos para indicarle que no continuara.
—Mira, no tienes por qué darme ninguna explicación. No es la primera vez que pasa, ¿recuerdas?

Miley sabía que se refería al señor sabelotodo, y su primera reacción fue decirle que se equivocaba. Quería decirle que esta vez no iba a dejarse llevar por sus sentimientos, pero sabía que ya había hecho esa misma promesa con anterioridad. Eso fue lo que le dijo a Joe cuando, con mucho tacto, él intentó prevenirla de que el señor sabelotodo no albergaba ninguna intención de quedarse en el pueblo.
—Me encantaría saber qué responder —declaró Miley, odiando la nota de culpabilidad en su voz.
—Ya te lo he dicho; no tienes que decir nada.

Sabía que no tenía que hacerlo. No era como si fueran una pareja o si lo hubieran sido alguna vez, pero tenía la extraña sensación de enfrentarse con un ex marido después de un reciente divorcio, cuando las heridas todavía no habían cicatrizado. De repente deseó que él no estuviera tan claramente enamorado, aunque era consciente de que ella era culpable de haber alimentado la llama durante los dos últimos años, si bien lo había hecho más por motivos de seguridad y comodidad que por una mera cuestión romántica.
—Bueno, sólo para que lo sepas, tengo muchas ganas de que todo vuelva a su cauce habitual —acertó a decir finalmente.
—Yo también —respondió él. Los dos se quedaron callados durante unos instantes. En el silencio, Miley desvió la vista hacia un lado, deseando que Joe fuera más sutil a la hora de mostrar sus sentimientos.
—Demi está guapísima esta noche, ¿no te parece?
Las comisuras de la boca de Joe apuntaron hacia arriba antes de mirar a Miley de nuevo. Por primera vez, lo vio sonreír levemente.
—Sí, es cierto —respondió él.
—¿Todavía sale con Jim? —preguntó ella, refiriéndose al chico que regentaba el Terminix, un negocio de fumigación de cosechas. Miley los había visto juntos una noche durante las vacaciones, mientras se dirigían a Greenville probablemente para cenar en la camioneta verde de Jim que lucía un enorme insecto de cartón.
—No, no salió bien —replicó él—. Sólo salieron juntos una vez. Demi me contó que su coche olía a desinfectante, y que se pasó toda la noche estornudando sin parar.
A pesar de la tensión latente, Miley se echó a reír.
—Eso me suena a la clase de historietas que sólo le pueden pasar a Demi.
—Ella lo tiene más que olvidado, y no parece que le haya dejado mal sabor de boca; por más coces que recibe, no se da por vencida.
—A veces pienso que necesitaría encontrar a un buen tipo, o por lo menos a alguien que no se pasee por el pueblo con un insecto gigante en lo alto del coche.

Joe soltó una risotada, como si estuviera pensando lo mismo. Sus ojos coincidieron un instante, y luego Miley apartó la vista y se aderezó el pelo detrás de la oreja.
—Creo que será mejor que entre —anunció ella.
—Lo sé —dijo Joe.
—¿Y tú? ¿Vas a entrar?
—No lo sé. No pensaba quedarme demasiado rato. Y además, estoy de servicio. El condado es demasiado grande para una sola persona, y Bruce es el único que está patrullando esta noche.
Miley asintió.
—Bueno, por si no nos vemos más esta noche, ve con cuidado, ¿de acuerdo?
—Lo haré. Hasta luego.
Miley empezó a dirigirse hacia la puerta.
—Oye, Miley. Ella se dio la vuelta.
—¿Sí?
Joe tragó saliva.
—Tú también estás preciosa esta noche.
El tono triste en que lo dijo casi le partió el corazón, y sus ojos se humedecieron durante un instante.
—Gracias.
 

Demi y Nick se mostraron sumamente prudentes, moviéndose discretamente a cierta distancia de la multitud. Demi se dedicó a mostrarle los cuadros de diversos miembros de la familia Lawson, quienes compartían una increíble similitud no sólo de una generación a otra sino, extrañamente, también entre los dos géneros. Los hombres tenían rasgos afeminados, y las mujeres mostraban una tendencia a ser masculinas, por lo que parecía que cada pintor hubiera usado el mismo modelo andrógino. Nick apreció que Demi lo mantuviera ocupado y alejado del peligro, a pesar de que ella se negara a soltarse de su brazo. Podía oír cómo la gente murmuraba sobre él, pero no estaba todavía listo para mezclarse con el resto de los convidados. Lo cierto era que se sentía adulado ante todo ese montaje. Nate no había sido capaz de reunir a más de una décima parte de los allí congregados para ver su intervención televisiva, y encima tuvo que ofrecer bebida gratis para asegurarse de que vendría el máximo número de personas posible.

No obstante, en Boone Creek las cosas eran distintas. En los pueblos pequeños de Estados Unidos la gente se dedicaba a jugar al bingo o a los bolos, y a ver la reposición de antiguas series televisivas. No había visto tanto pelo azul ni tanto poliéster desde... seguramente jamás, y mientras sopesaba la situación, Demi le apretó el brazo para llamar su atención.
—Prepárate, corazón; ha llegado el momento del espectáculo.
—¿Cómo dices?
Ella miró por encima del hombro de Nick, hacia la creciente conmoción que se estaba formando a sus espaldas.
—Hombre, Tom, ¿qué tal va? —saludó Demi, luciendo su mejor sonrisa a lo Hollywood.
El alcalde parecía ser la única persona en toda la estancia que sudaba. Su calva relucía como una bola de billar bajo la luz de las lámparas, y si estaba sorprendido de ver a Nick con Demi, no lo demostró.
—¡Demi! Estás tan guapa como siempre. Veo que te has encargado de mostrar el ilustre pasado de esta honorable casa a nuestro invitado.
—He hecho lo que he podido —repuso ella.
—Vaya, vaya; me parece perfecto.
Siguieron departiendo sobre cuestiones triviales antes de que Gherkin decidiera ir directo al grano.
—Demi, ¿verdad que no te importa si te robo a tu acompañante? Me parece que ya le has contado suficientes cosas sobre esta honorable mansión, y la gente tiene ganas de que empiece la función.
—Oh, no te preocupes, adelante —contestó ella con aplomo, y en cuestión de segundos, el alcalde sustituyó la mano de Demi por la suya y empezó a guiar a Nick hacia la multitud.

Mientras caminaban, la gente dejó de hablar y se apartó hacia los lados, como si se tratara del mar Rojo dando paso a Moisés. Algunos invitados contemplaban a los dos individuos con los ojos bien abiertos, o erguían el cuello y la barbilla para poder verlos mejor. La gente empezó a emocionarse y a susurrar lo suficientemente alto como para que Nick oyera lo que decían: «¡Es él, es él!».
—No puedes ni imaginar lo contentos que estamos de que finalmente hayas podido venir —murmuró el alcalde, hablando por la comisura de los labios y sin dejar de sonreír a la multitud—. Por un momento había empezado a preocuparme.
—Quizá deberíamos esperar a Miley —dijo Nick, intentando evitar que sus mejillas se sonrojaran. Todo ese espectáculo, especialmente el ser escoltado por el alcalde como si fuera la reina de la fiesta, le parecía grotesco, excesivo, chocante.
—Acabo de hablar con ella, y me ha dicho que se reunirá con nosotros allí —aclaró el alcalde.
—¿Allí? ¿Dónde es allí?
—Hombre, estás a punto de conocer al resto de los empleados del Consistorio. Ya conoces a Jed y a Tully y a los muchachos que te he presentado esta mañana, pero todavía hay unos cuantos más. Ah, y también están los comisionados del condado. Igual que yo, están bastante impresionados por tu visita, bastante impresionados. Y no te preocupes; tienen a punto todas sus historias sobre los fantasmas. Has traído la grabadora, ¿no?
—Sí, la tengo en el bolsillo.
—Vaya, vaya. Perfecto. Y... —Por primera vez dio la espalda a la multitud para mirar a Nick—. Supongo que esta noche piensas ir al cementerio.
—Así es; y hablando de eso, quería asegurarme de que...

El alcalde siguió hablando como si no lo hubiera oído, sin dejar de saludar a la multitud.
—Como alcalde, considero que es mi obligación decirte que no tienes nada que temer. Oh, es todo un espectáculo, es cierto, lo suficiente como para conseguir que le dé un síncope a un elefante. Pero hasta el día de hoy, nadie ha resultado herido, excepto por Bobby Lee Howard, y empotrarse contra esa señal de la carretera tuvo menos que ver con lo que vio que con el hecho de que hubiera ingerido doce pastillas antes de sentarse detrás del volante.
—Ah —asintió Nick, empezando a imitar al alcalde con los saludos para quienes lo miraban con enorme curiosidad—. Intentaré recordarlo.
 

Miley lo estaba esperando entre el resto de los empleados del Ayuntamiento, y Nick suspiró aliviado cuando ella se colocó a su lado mientras le presentaban a la poderosa élite del pueblo. La mayoría de ellos demostraron ser francamente amables —a pesar de que Jed se pasó todo el rato mirándolo con cara de malas pulgas y con los brazos cruzados—, pero Nick no pudo evitar observar a Miley con el rabillo del ojo. Parecía ausente, y se preguntó qué había pasado entre ella y Joe.

No tuvo la oportunidad de averiguarlo, ni siquiera de relajarse, en las siguientes tres horas, ya que el resto de la velada estaba organizado a modo de convención política a la vieja usanza. Después de conocer a los del Consistorio —uno a uno, con la excepción de Jed— y de ser agasajado por el alcalde, quien le aseguró que «podría ser la mejor historia jamás contada» y le recordó que «el turismo es una fuente de ingresos muy importante para el pueblo», fue conducido hasta el escenario, que estaba adornado con una espectacular pancarta que proclamaba: ¡Bienvenido Nick Jonas!

Técnicamente no era un escenario, sino una enorme tabla de madera engalanada con un mantel de color púrpura brillante. Nick tuvo que recurrir a una silla para subirse al estrado, al igual que Gherkin, sólo para ponerse frente a un mar de caras desconocidas que lo miraban con expectación. Cuando la multitud se hubo calmado, el alcalde pronunció un larguísimo discurso en el que alabó a Nick por su profesionalidad y su honestidad, como si se conocieran de toda la vida. Gherkin no sólo mencionó su intervención en el programa Primetime Live —lo que provocó las sonrisas y asentimientos ya familiares y unas cuantas exclamaciones de admiración—, sino también un número de artículos destacados que Nick había escrito, entre ellos uno para la revista Atlantic Monthly sobre la investigación de armas biológicas en Fort Detrick. Aunque a veces aparentara ser un poco despistado, el alcalde había hecho los deberes y sabía cómo halagar a alguien. Al final del discurso le hizo entrega de la llave de la ciudad, y los Mahi-Mahis —subidos a otra tabla emplazada en la pared adyacente— arrancaron con fuerza y cantaron tres canciones: Carolina in My Mind, New York, New York y, quizá la más apropiada, el tema principal de la banda sonora de Los cazafantasmas.
 
Sorprendentemente, los Mahi-Mahis no eran tan malos, aunque le costó comprender cómo podían sostenerse en pie sobre la tarima. Tenían embelesada a la multitud, y por un instante, Nick se dio cuenta de que estaba sonriendo y pasándolo francamente bien. De pie, encima del escenario, vio cómo Miley le guiñaba el ojo, lo cual sólo consiguió que toda esa parafernalia pareciera todavía más surrealista.

Después el alcalde lo condujo hasta un rincón apartado y lo invitó a sentarse en una silla tan antigua como cómoda, delante de una mesa también antigua. Con la grabadora en marcha, Nick se pasó el resto de la noche escuchando una historia tras otra sobre los encuentros con los fantasmas. El alcalde consiguió que la gente formara una fila, y todos empezaron a parlotear de forma excitada mientras aguardaban pacientemente su turno para hablar con Nick, como si éste estuviera repartiendo autógrafos.

Desgraciadamente, la mayoría de las historias que escuchó divergían en detalles significativos. Cada uno en la fila aseguraba haber visto las luces, pero cada uno le ofrecía una descripción diferente del fenómeno. Algunos juraban que tenían aspecto humano; otros decían que se asemejaban a luces estroboscópicas. Un sujeto proclamó que esos fantasmas eran igualitos a los disfraces de Halloween, con forma de sábana blanca y dos agujeros negros por ojos. La explicación más original se la dio un muchacho llamado Joe, quien declaró que había visto las luces más de media docena de veces, y habló con autoridad cuando aseveró que tenían el mismo aspecto que la señal luminosa de Piggly Wiggly que había en la ruta 54 cerca de Vanceboro.

Durante todo el rato, Miley se mantuvo cerca de la zona charlando con diversas personas, y de vez en cuando, sus ojos se encontraban cuando tanto ella como él se hallaban inmersos en alguna conversación con terceros. Como si estuvieran compartiendo una broma privada, ella sonreía enarcando las cejas, con una expresión como si le recriminara: «¿Ves en qué barullo te has metido tú sólito?».

Nick pensó que Miley no era como ninguna de las mujeres con las que había salido últimamente. No ocultaba lo que estaba pensando, ni intentaba impresionarlo, ni tampoco se mostraba afectada por nada de lo que él había hecho en el pasado. En lugar de eso, parecía evaluarlo por sus actos, por cómo reaccionaba en cada momento, sin apoyarse en prejuicios acerca del pasado o el futuro.

Esa era una de las razones por las que se había casado con Selena. No fue simplemente la aglomeración de emociones que sintió la primera vez que hicieron el amor lo que lo cautivó, más bien fueron un par de cosas simples las que lo convencieron de que ella era la mujer que buscaba. Su falta de pretensión delante de los otros, su forma fría de confrontarlo cuando hacía algo incorrecto, la paciencia con la que lo escuchaba cuando él estaba intranquilo a causa de algún problema imprevisto. Y a pesar de que él y Miley no habían compartido ninguno de los pequeños detalles diarios de la vida, no podía dejar de pensar que seguramente esa mujer podría hacer frente a cualquier cosa, si se lo proponía.

Nick se fijó en que ella sentía un afecto genuino hacia la gente del pueblo, y parecía estar verdaderamente interesada en cualquier cosa que le contaban. Su conducta sugería que no albergaba ninguna razón para cortar a nadie en medio de una conversación —o para hacer que su interlocutor se diera prisa por acabar—, y mostraba un absoluto impudor a la hora de soltar sonoras carcajadas cuando algo la divertía. De vez en cuando, se inclinaba hacia delante para abrazar a alguien, y cuando retrocedía hasta la posición inicial, asía las manos de la persona y murmuraba algo en la línea de: «Qué contenta estoy de verte». Que no se sintiera diferente al resto, o incluso que no se fijara en que los demás eran obviamente distintos, le recordó a Nick a una tía que siempre había sido la persona más popular en las cenas de familia, simplemente por su destacado altruismo, porque centraba por completo su atención en los demás.

Unos breves minutos más tarde, cuando se levantó de la mesa para estirar las piernas, Nick vio a Miley que se dirigía directamente hacia él, dejando a su paso una leve estela de seducción con el suave balanceo de sus caderas. Mientras la contemplaba, hubo un momento, un brevísimo momento, en que la escena le pareció como si no estuviera pasando en ese preciso instante sino en el futuro; sólo otra fiestecita en una larga procesión de fiestecitas en un pequeño pueblo del sur de Estados Unidos, en medio de la nada.

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Hola (: desde el año pasado que no publico cap. de esta novela! :O okno. LOL. Bueno, no tengo muchas cosas que decir... se acuerdan de mi libro? Sí? Bueno, creo que publicaré "Teenage Dream" aunque tenga que reescribir casi que la mitad :| es que... tiene muchos errores, y además la escribí hace ya 1 año, y mi forma de escribir ha cambiado desde hace 1 año así que... ._. bueeno... & publicaría "We Can Make It Last Forever" pero... estoy pensando en que esa podría ser una saga de 4 libros, pero WCMILF sería el libro número 2. ._. Entonces... voy a escribir el número 1, que sería como una historia Niley típica, real... luego el 3 que sería la historia de ________ & _____, & el cuarto libro sería como... la continuación fumada, se acuerdan? hahaha & bueno, eso. Tal vez nunca publique la saga completa, al menos no ahora, pero es que... simplemente quiero hacerlo. :]

Creo que sólo. ¿Qué les gustaría que pasara en el cap. 5 de "Don't You Want Me?" Hahaha no tengo ideas. No muchas. ._. LOL.

Bueno, eso es todo. (: bye. Las amo & NUNCA DEJEN DE CREER! :D <3 atte: AIMiller/NickyAb. (:

lunes, 2 de enero de 2012

Don't You Want Me? - Chapter 4 - La indicada.

Dos semanas pasaron rápidamente, y cuando Miley vio el calendario, ya era febrero. Era increíble. Ya era viernes 7 de febrero.

Ese viernes les habían dicho que las prácticas sólo durarían hasta junio, luego vacaciones, y luego otra vez a la Universidad a estudiar. Después de año nuevo, tal vez regresaran de nuevo al hospital a hacer otras prácticas. Pero eso se decidiría después.

Nick no había insistido en acompañarla en casa de nuevo, y... de hecho, casi no habían hablado. Sólo se sonreían constantemente. Nick solía preguntarle cómo estaban ella y su hermanita, y Miley respondía que estaban bien. Luego de eso: lo obvio. Se saludaban, se despedían, y a veces se veían en el restaurante. Nick había estado, además, muy ocupado con los pacientes. Y ella debía recordar que Valerie y ella estaban allí para ayudar y trabajar, no para hablar con el doctor. Por más primo de Demi que fuera.

Por más primo de Demi que fuera...

Bien. Tenía que admitir que Nicholas Jonas era agradable, divertido, y muy trabajador. Pero de seguro que los otros 2 primos de Demi también lo eran, ¿no? Sí, debía de ser así.
-¿Miley? ¿Estás ahí?
-¿Qué?

Miley había olvidado, prácticamente, de la existencia de Demi. Ambas estaban en un pequeño café cerca del Central Park, luego de haber terminado ese día las prácticas en el Hospital. Pero Miley se había perdido en sus pensamientos sobre Nick Jonas.
-Sí, estoy aquí, Demi -susurró, y luego sonrió-. Estaba pensando que tu primo me cae bien.
-¿En serio? Vaya... creo que eres la única chica que me lo ha dicho en toda mi vida.
-¿Sí? ¿Por qué?
-Porque... no lo sé. Ninguna de mis amigas ha estado interesada en Nick Jonas, ¿sabes?
-¿Qué? Yo no estoy interesada en él.
-Ajá. Como digas -sonrió-. Y bueno, ¿cómo te va en tu trabajo?
-¿En mi trabajo? Bien... la verdad es que bien. No es complicado.
-Qué bien... yo nunca pude con un trabajo así, lo sabes -rio-.
-Lo sé, Demi. Y... tengo una compañera de trabajo, Lindsey, creo que es un año mayor, o un año menor, no recuerdo, pero es agradable. Además, está loca por tu primo.
-¿Por Nick?
-No, por Joe.
Demi rio.
-Todas parecen estar locas por Joe. No sé por qué, la verdad. O tal vez lo digo porque soy su prima... -Demi observó a Miley divertida-. Honestamente, espero que tú no lo estés.
-¿Yo? No, claro que no -sonrió-. Simplemente me quiero enfocar en estudiar por ahora. Por ahora y por los próximos 5 años.
-¿En serio? Oh... yo también -hizo una pausa-. ¿Te imaginas nuestra graduación? Seremos tú, yo, toda la clase, y todos estarán orgullosos de nosotras.
-¿Todos?
-Sí, mi familia. Y Noah.
-¿Tu familia?
-Recuerdas que te dije que la conocerías, ¿verdad?
-Oh, cierto.
-Perfecto -sonrió-. Te aseguro que te amarán, las tratarán a ti y a Noah como parte de la familia. Me gustaría que los conocieras a todos en una reunión familiar, digo... veré cuándo hay una, y te avisaré. Podrá ir Noah, no te preocupes.
-Excelente. No puedo dejar a mi hermanita sola.
-Exacto. Oye, ¿te parece si mañana nos reunimos las 2?
-¿Para qué? -preguntó-.
-Me gustaría comprarte algo, a ti y a Noah.
-¿Comprarme algo? Demi, ya has hecho mucho por mí...
-Lo sé, Miley, pero... simplemente quiero hacerlo, ¿sí? Quiero comprarte algo que no sea un café o comidas rápidas en McDonald's todos los días.
-Si tú quieres...
-Sí, sí quiero -insistió Demi-. ¿Dónde nos vemos?
-Ah... no lo sé, es tu idea, pon tú el lugar.
-Mmmm... ¿en el mismo lugar del Central Park de siempre?

Minutos luego, Miley y Demi se despidieron afuera del café. Miley fue caminando hacia su apartamento, y al llegar, vio que Noah no estaba allí. Pero al parecer había llegado ya que vio una nota en la cual estaba escrito "Fui a estudiar a casa de Jessy, regreso en la noche. -Noah".

Entonces, estaría sola unas horas más.

Fue a su habitación y buscó su diario. Lo encontró en el cajón donde guardaba sus piyamas y sus blusas, junto con un pequeño estuche con lapiceros y lápices. Sacó un lapicero negro, y se dirigió a su cama para escribir un rato.

"Hola, soy yo, de nuevo. No tengo mucho que contar, la verdad... las prácticas en el Hospital van bien, y conseguí un empleo. Podríamos decir que todo está bien.


Bueno, conocí al primo de Demi, Nicholas Jonas. Él es doctor, y curiosamente él es con quien trabajo en el hospital. Mi compañera se llama Valerie. La verdad es que Nicholas es divertido, y agradable. Pero casi no lo conozco. Demi y Nicholas casi siempre pelean, pero es divertido verlos pelear por cosas insignificantes. Demi es, digamos... la hermanita de Nicholas. Él es 8 años mayor que nosotras. No es que esté interesada en él, ni nada, pero... es... agradable, como dije. Además lo veo todos los días casi todo el día. Un día incluso me acompañó a casa.

Creo que eso es... todo. Bye."

-Miley.

Cerró su diario, lo apartó y luego se quedó viendo el techo por unos minutos, recostada en su cama. Nicholas Jonas...

Debía admitir que a veces, en momentos como ese, pensaba en él. Se preguntaría cómo sería en familia. Si sería buen hermano, buen hijo, etc. De seguro que sí. No le costaba nada imaginárselo ayudando en casa, lavando el auto con su padre y sus hermanos, haciendo compras para la casa de su familia en Queens, y cosas por el estilo. No podía negar que era bien parecido [o sea guapo (?], y...

[como cuando Sierra me mandó una foto de su novio para que la viera & yo le dije que era 'bien parecido', & ella me preguntó 'a quién?' xD LOL]

Tomó su diario y escribió de nuevo:

"Una cosa más: no puedo negarte que es atractivo".

_*_

Por su parte, Nick estaba en su apartamento, sin nada mejor que hacer que estar delante de su computadora escribiendo algunas cosas importantes. Había pasado ya un mes y unos días desde que había terminado con Delta, y gracias a Dios, ya no pensaba tanto en ella como antes. Simplemente había decidido concentrarse en su trabajo, y ayudar a Valerie y Miley. La verdad era que les estaba haciendo la vida fácil. O por lo menos, eso pensaba él. Y además, era lindo estar con Miley. Ella le agradaba, y en estas últimas semanas ya no la había hecho llorar ni ninguna otra cosa por la cual se sintiera como un idiota. Tampoco le había preguntado por sus padres. Tal vez sólo por su hermanita. La verdad era que no lo recordaba. Había estado tan ocupado que casi no hablaron.

Delta había pasado a ser una persona en la que pensaba, aproximadamente, 2 veces a la semana. Ya no se desvelaba por las noches pensando en qué hubiera pasado con ellos de no haber sido por que ella lo quería nada más por su dinero. Ahora simplemente la recordaba como su ex novia. Nada más así.

A veces, se preguntaba si Miley tendría novio, o si alguna vez había tenido uno. Podría ser. Ella era muy bonita, con una linda figura, con una sonrisa encantadora... no era posible que nadie nunca se le hubiera acercado aunque sea a saludarla. Era una chica de la que cualquier chico podía sentirse atraído. Pero él, simplemente no. Ella era para él, simplemente, la mejor amiga de Demi. Y Demi era su hermanita. Entonces, era como... la mejor amiga de Demi, su hermanita. No sabía cómo más describirla. Sí, habían dicho aquella vez que eran amigos, pero casi no se hablaban, así que no podría decir que fuera su amiga. Tampoco podía decir que era como su "hermanita". Entonces, ¿cómo más podría referirse a ella?

Únicamente como "la mejor amiga de Demi", ¿no?

El sonido del teléfono lo apartó de sus pensamientos. Contestó con un "¿Hola?", y se sintió aliviado cuando escuchó la dulce voz de su madre al otro lado del teléfono.
-Hola, Nicholas. ¿Cómo estás?
-Bien, gracias -respondió-. ¿Tú?
-Perfectamente.
-Eso está bien...
Hubo un pequeño silencio.
-¿Estás ocupado? -le preguntó Denise-.
-¿Ocupado? Ah... un poco, pero siempre tengo tiempo para ti, mamá.
-Me alegra saber eso -contestó-. ¿Qué has hecho últimamente?
-¿Yo? Digamos que... trabajar. Trabajar y ayudar a dos universitarias con las prácticas en el Hospital. Ahora, de hecho, estaba aclarando un poco mis pensamientos.
-Oh, ¿y sigues pensando en esa chica, Delta?
Nick vaciló antes de contestar:
-Ya casi nunca.
-Oh, eso me alegra. Ya sabes que te dije que ella no era la indicada para ti.
Nick sonrió.
-Lo sé, mamá. Ahora yo también lo veo así.
-¿En serio? -inquirió-. Eso está... bien.
-Sí... en realidad, no teníamos casi nada en común.
-Me alegro que al fin te des cuenta -exclamó Denise, con un tono animado; luego rio-. Bien, aparte de eso, ¿me dices algo sobre esas dos universitarias?
-Bueno, los alumnos de medicina de la Universidad de New York están haciendo sus prácticas en el Hospital, donde trabajo. A casi todos nos tocaron dos estudiantes. A mí me tocaron 2 chicas. Miley y Valerie.
-¿Miley y Valerie? Son nombres bonitos. ¿Son bonitas?
-Oh, sí. Muy bonitas -dijo mientras pensaba en Miley-.
-¿Y no te sientes atraído hacia alguna de ellas?
-Mamá... -dijo Nick, tratando de sonar molesto, aunque en realidad estaba divertido-. No, no me siento atraído por ninguna.
-¿Estás seguro?
Nick rio, y al parecer Denise se dio cuenta.
-Sí. Seguro.
-Oh... está bien. Pero si cambias de parecer, quiero ser la primera en saberlo. O una de las primeras.
-¿Tengo que recordarte que ellas sólo tienen 18 años?
-¿Y eso qué tiene de malo? Tu padre es mayor que yo por 10 años. A Joe le gustan las chicas menores que él.
-Sí... pero yo no soy ellos.
-Pero son tu padre y tu hermano; algo tienes que haber sacado de ellos, ¿no?
Dios, su madre era tan divertida...
-Tal vez no sea eso lo que saqué de ellos -respondió-.
-Nick, tienes 26 años. Kevin ya está casado. A tu edad, yo ya tenía a Kevin y a Joe. No puedes estar toda la vida soltero y sin nadie a quién amar.
Además, su madre era una romántica sin cura. Con ascendencia italiana y francesa, ¿quién no lo sería?
-Mamá, simplemente la chica indicada no ha llegado. No puedo simplemente casarme con la primera chica que vea mañana.
-No, pero ya hay una, y está en Londres, ¿la recuerdas?
-No creo que hables en serio.
-Nick, un trato es un trato.
-No quiero hablar de ella por ahora.
-Bien -dijo Denise, resignada-. Pero cuando conozcas a la indicada, házmelo saber, ¿sí?
-Claro, mamá -sonrió-. Pero... ¿cómo sabré que es la indicada?
-Simplemente lo sabrás, hijo.
-¿Tú sentiste lo mismo cuando conociste a papá?
-No cuando lo conocí, pero luego... días luego. Supe que él era el indicado.

_*_

Luego de unos minutos, al terminar la llamada, Nick comenzó a pensar en las palabras de su madre. Sabía que era verdad: la historia de Denise y Paul Jonas había sido toda una historia de amor. Paul Jonas era un joven norteamericano de 28 años, que había ido a Roma dado a que su padre tenía negocios en esa ciudad. Denise era una joven de 18 años, hija de uno de los comerciantes con los que el padre de Paul Jonas tenía negocios. Una mañana de marzo, Denise había salido con sus amigas a pasear por el centro, y entonces lo había visto con su padre. Fue amor a primera vista. Ambos pasaron juntos un par de días, y entonces, cuando Paul tenía que irse, Denise se fue con él. Se casaron unos meses luego en New York, y un año luego, su primer hijo, Kevin, llegó a sus vidas. Una historia de amor de los años 60. [& mi papá me dio la idea :D]

Denise quería ver a su hijo menor casado con una hermosa y agradable chica, y con hijos. No quería esperar más. Pero Nick no la había conocido aún. No había conocido a la indicada.

¿O sí? [wahahahaha!]

Tal vez ya la había conocido pero... no sabía que era ella.

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Un poco tarde pero FELIZ AÑO NUEVO! (? xD es que... el modem del internet se arruinó el 30 en la noche D: & como el 31 & el 1 no atendían en la tienda esa del internet, mi papá tuvo que comprar otro hoy .-. al menos costó Q2.00 xD no fue mucho... es menos de lo que cuesta un Doritos! okno pero siiiiiiii :3 Está corto el cap., son como 5 hojas nada más, pero fue lo único que se me ocurrió! LOL ya verán mis planes... wahaha! de hecho Raiza me dio una idea :D & a Raiza le gusta la nove Teenage Dream! :3

& bueno, FELIZ AÑO JONATICO! WOOOOOOO!!!!!!! & Niley ;D ojalá .-. LOL Raiza está loca. xD

1. ¿Les gustó el cap.?
2. ¿Parte favorita?
3. ¿Qué creen que pasará?
4. Amn, escriban algo... :P

Las quiero MUCHO! Feliz año ;D & NUNCA DEJEN DE CREER! atte: AIMiller / NickyAB. <3

6 comments. para el siguiente! ¿Notan que no tengo mucho que decir? .-.